Manoa: Un modelo de padre en la Biblia

Angel with glowing white wings speaking to kneeling woman in traditional clothes

¿Sabías que la Biblia le dedica un capítulo entero al papá de Sansón?

Jueces 13 narra la historia de este padre llamado Manoa, originario de la ciudad de Zora, descendiente de la tribu de Dan y casado con una mujer estéril. Sin embargo, aunque la pareja no tenía hijos en ese momento, el Señor tenía grandes planes para ellos.

La narración inicia exponiendo la mala conducta de los israelitas, ya que una vez más habían hecho lo que ofende al Señor (v. 1). Por eso, durante cuarenta años Dios los entregó en manos de los filisteos (v. 1). Pero, en su misericordia, enviaría un libertador para la nación.

La primera en enterarse fue la esposa de Manoa, pues el ángel del Señor se le apareció y le dijo:

“Eres estéril y no tienes hijos, pero vas a concebir y tendrás un hijo. Cuídate de no beber vino ni ninguna otra bebida fermentada, y tampoco comas nada impuro, pues concebirás y darás a luz un hijo. No pasará la navaja sobre su cabeza porque el niño va a ser nazareo, consagrado a Dios desde antes de nacer. Él comenzará a librar a Israel del poder de los filisteos” (Jueces 13:3-5).

De inmediato ella fue y contó a su esposo lo que había sucedido (vv. 6-7). Al escucharla, Manoa:

I. ORÓ AL SEÑOR

“Entonces Manoa oró al Señor: «Oh Señor, te ruego que permitas el regreso del hombre de Dios que nos enviaste…»” (v. 8).

“Así que Manoa le preguntó: «Cuando se cumplan tus palabras, ¿cómo debemos criar al niño?»” (v. 12).

Manoa no puso en duda lo que le contó su esposa; por el contrario, oró con seguridad para que el Señor hiciera volver de nuevo al hombre. Y cuando este regresó, Manoa creyó en todo lo que le dijo.

Además, el papá primerizo entendió que el mensaje era tanto para su esposa como para él, ya que al orar usó el pronombre ‘nos’, en la primera persona del plural: ‘el hombre que nos enviaste’.  

Aunque el Señor decidió dar el mensaje primero a la esposa, Manoa sabía que era para ambos. El pedir que el hombre regresara no era un acto de desconfianza hacia las palabras de ella, sino más bien una petición para tener también la oportunidad de encontrarse con él. El comentario Jamiesson-Fausset-Brown lo explica así: “El intenso deseo de Manoa de que se repitiera la visita del ángel, no fue motivado por dudas ni ansiedad de ninguna clase, sino que fue fruto de una fe viva y de su gran ansiedad de seguir las órdenes dadas.”

Este acto habla de la fe de Manoa. Era un hombre que creía en Dios, confiaba en Él, hablaba con Él y esperaba ser escuchado. Y así fue.

II. PIDIÓ QUE LE ENSEÑARAN CÓMO CRIAR A SU HIJO

“…para que nos enseñe cómo criar al niño que va a nacer” (v. 8).

“Así que Manoa le preguntó: «Cuando se cumplan tus palabras, ¿cómo debemos criar al niño?»” (v. 12).

La actitud enseñable de Manoa demuestra un carácter humilde y sumiso. Parecía ser consciente de su inexperiencia como padre y, más aún, de la responsabilidad de criar a un niño tan especial, dedicado al Señor desde antes de nacer.

Por otro lado, una vez más Manoa incluye a su esposa en su petición, entendiendo que la tarea de crianza era para ambos.  Manoa dice: “que nos enseñe cómo criar al niño”, “¿cómo debemos criar al niño?”. Nuevamente Manoa usa la primera persona del plural para expresar la necesidad de aprender cómo criar y educar a su hijo.

III. SE PREOCUPÓ POR LA CONDUCTA FUTURA DE SU HIJO

“Así que Manoa le preguntó: «Cuando se cumplan tus palabras, ¿cómo debemos criar al niño? ¿Cómo deberá portarse?»” (v. 12)

Desde el momento en que Manoa supo que sería padre, aun antes de que su esposa quedara embarazada, empezó a preocuparse por el comportamiento y el estilo de vida que llevaría su hijo en el futuro. Por eso, pidió consejo y guía espiritual. Manoa era consciente de la necesidad que tenía de prepararse para lo que vendría.

La responsabilidad que estaba recayendo sobre sus hombros era muy grande. No solamente sería un padre primerizo, sino el padre de un siervo de Dios. Para Manoa era importante saber cuál debía ser la conducta que el Señor esperaba del niño, quizá porque quería asegurarse de instruirlo conforme al plan que Dios le había preparado.

El relato concluye diciendo:

“La mujer dio a luz un niño y lo llamó Sansón. El niño creció y el Señor lo bendijo, y el Espíritu del Señor comenzó a manifestarse en él mientras estaba en Majané Dan, entre Zora y Estaol” (Jueces 13:24-25).

Sansón creció y se convirtió en un hombre. El capítulo 14 muestra que, aun cuando ya tenía edad para contraer matrimonio, Manoa y su esposa seguían interviniendo en su vida e intentando orientarlo (14:3).

Conclusión

La historia de Manoa nos recuerda que la paternidad no comienza cuando nace un hijo, sino mucho antes, cuando un padre decide buscar la dirección de Dios para cumplir fielmente la tarea que le ha sido encomendada.

En Jueces 13 vemos a un hombre que oró, que reconoció su necesidad de aprender y que se preocupó sinceramente por el futuro espiritual y moral de su hijo. Manoa entendió que criar a un niño era una responsabilidad demasiado grande para afrontarla únicamente con experiencia humana, por lo que buscó la ayuda y la sabiduría del Señor.

Los padres de hoy enfrentan desafíos diferentes a los de Manoa, pero la necesidad sigue siendo la misma. Los hijos necesitan padres que oren por ellos, que busquen la dirección de Dios para guiarlos, que mantengan una actitud humilde y enseñable, y que se interesen no solo por su bienestar físico o académico, sino también por su carácter y su relación con el Señor.

Asimismo, el ejemplo de Manoa nos recuerda que la crianza es una tarea compartida. A lo largo del relato, él habla en términos de “nosotros”, reconociendo que tanto él como su esposa tenían una responsabilidad conjunta en la formación de su hijo.

Finalmente, Jueces 13 nos enseña que los hijos pertenecen al Señor antes de pertenecer a los padres terrenales. Manoa sabía que su rol era la de un tutor en la vida de Sansón, y que Dios tenía un propósito para su vida desde antes de su nacimiento.

Manoa deseaba conocer ese propósito para llevar a cabo la labor de colaborador del Señor. De la misma manera, los padres cristianos están llamados a criar a sus hijos de tal forma que puedan ser aliados de Cristo para descubrir, abrazar y cumplir los planes que Dios tiene para sus vidas.

Quizá la pregunta que todo padre debería hacerse no es solamente: “¿Qué quiero que mi hijo llegue a ser?”, sino también: “¿Qué quiere Dios que mi hijo llegue a ser, y cómo puedo ayudarlo a cumplir ese propósito?”.

Oro para que el Señor haga florecer esta palabra en nuestros corazones.

Si me sirve a mí, quizá también a ti

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