¡Una invitación a Alabarle!

Una de las actividades que más disfruto en mi vida cristiana es cantar y orar al mismo tiempo.  Esos momentos de pura alabanza, adoración y oración me sirven de catarsis.  Es realmente regenerador.  A veces, cuando canto y oro simultáneamente, también lloro de gratitud.  El llanto es en ocasiones la expresión externa de lo que siente mi corazón por las tantas bondades del Señor en mi vida. El salmo 95.1-7 es un himno de exaltación que nos enseña cinco valiosas verdades sobre la alabanza a Dios.  A continuación te las comparto:

1. Somos llamados a alabarlo (v.1) 

1¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor; aclamemos alegres a la Roca de nuestra salvación!  Al decir ¡Vengan! el salmista está promoviendo la participación activa a un quehacer.  Es una invitación hecha con signos de admiración, con exclamación, con entusiasmo, con énfasis y con mucha emoción.  En el idioma original implica hacer que el otro se levante y camine.  El llamado impulsa a una acción, a dar pasos, a moverse, avanzar e ir.  Sin embargo, la respuesta puede ser aceptada o rechazada ya que implica una decisión y un deseo personal.  El llamado no es imperativo, por tanto la acción es voluntaria.

La invitación es a venir y alabar al Señor, pero para hacerlo hay que evidenciar cierta iniciativa y un claro interés.  Moverse, caminar, dar pasos, levantarse y ponerse en marcha para venir ante el Señor siempre requerirá de un esfuerzo personal.  Nuestro Dios espera que, cuando recibamos el llamado respondamos con ahínco.  Pero también desea que nosotros mismos llamemos e invitemos a otros para venir y aclamar al Señor.  Que lindo es cuando nos motivan a alabar a Dios.  Pero cuanto más hermoso es cuando nosotros nos volvemos motivadores para aclamar al Señor con devoción y pasión.  El ejemplo del salmista debería convertirse en un reto para todos los que nos llamamos hijos de Dios.  Cada uno de nosotros debería convertirse en un instrumento de inspiración para que otros vengan ante el Señor con prontitud, con acciones de gracias y con alabanza.

2. Somos llamados a alabarlo con gozo (v1):  

1… cantemos con júbilo al Señor; aclamemos alegres a la Roca de nuestra salvación!  En los siguientes versículos el rey David presenta con qué actitud debemos venir ante el Señor y también muestra algunas expresiones externas que se evidencian cuando alabamos al Señor.  El texto dice:  ‘cantemos con júbilo’, ‘aclamemos alegres’.  En el idioma original ‘cantar con júbilo’ significa gritar con voz audible, y alzar la voz.  Literalmente es ‘hacer buya de puro gozo’, por y para el Señor.  La frase ‘aclamemos alegres’, tiene la misma connotación que ‘cantemos con júbilo’.  Significa gritar de alegría, aplaudir, cantar, clamar con gozo, dar gritos de regocijo.  Si lo notas, son puras acciones externas de un corazón rebosante de alabanza y adoración a Dios.  No hay peticiones, solamente exaltación.

3. Somos llamados a alabarlo con reverencia (v.6a)

6¡Vengan, postrémonos reverentes!  Doblemos las rodillas ante el Señor nuestro Hacedor!  Otra acción externa que puede ser producida durante la alabanza al Rey es el postrarse.  En el idioma original el vocablo ‘postrémonos’ es kara, y significa «inclinarse, agacharse, arrodillarse, encorvarse».  “La implicación de kara parece ser doblar las piernas o rodillas.  «Arrodillarse» era un gesto común en la adoración a Dios” [Diccionario Nuevo Testamento – W.E. VINE].  Sin embargo, el Señor no quiere expresiones mecánicas, ni superficiales o tradicionalistas.  Ponerse de rodillas, inclinarse o encorvarse ante la presencia de Dios, debería ser una acción motivada por un corazón rendido, sujeto y entregado al Señor.  Las expresiones externas deben ser motivadas por corazones genuinamente contritos y humillados ante Dios (Salmos 51.17). .

4. Somos llamados a alabarlo con acción de gracias (v.2)

2Lleguemos ante él con acción de gracias; aclamémoslo con cánticos. El motor para alabar a Dios es el agradecimiento de corazón.  Significa que la gratitud en el corazón es lo que nos empuja a alabar al Señor.  Es el combustible.  Por eso, el apóstol Pablo exhorta a los tesalonicenses y a los efesios, a dar gracias al Señor en toda situación, expresando que esa es la voluntad de Dios para sus hijos (1 Tesalonicenses 5.18, Efesios 5.20).

De una forma u otra, un corazón agradecido siempre demostrara el agradecimiento externamente.  La gratitud al Señor puede ser expresada durante la alabanza congregacional sea con risas, con aclamación, o con cantos.  De pie, o sentados.  Rostro en tierra o de rodillas.  Con susurro, o con voz audible.  Con llanto, o con serenidad.  Con manos alzadas o en señal de oración.  La postura externa es opcional y personal, lo importante para el Señor es que sea haga con la motivación correcta, en reverencia y en orden.  Lo que sí debemos saber es que, infaliblemente, el agradecimiento que haya en nuestro corazón se hará público mientras alabamos.  

Por esa razón, debemos ver la gratitud como la gasolina que produce la alabanza a Dios.  Ese reconocimiento al Señor es lo que provocará la acción de ‘venir y aclamar’.  El agradecimiento es el propulsor que moverá nuestro ser para agradar al que merece toda exaltación.  Inequívocamente, la acción de gracias siempre nos incentivará a expresar externamente expresiones de alabanza al Señor.  La pregunta es: ¿Tenemos razones para alabarlo?  La respuesta es un rotundo sí.  Así que, sin importar las circunstancias, mantengamos los corazones agradecidos para aclamarlo y corresponderle con alabanzas por todo lo que Él es, y por lo que hace en, por, a través de, y para nosotros.

5. Somos llamados a alabarlo porque sobran las razones (v.1, 3-5, 7): 

Los vv.1, 3-5 y 7 muestran un pequeño listado de motivos para alabar al Señor.  Exactamente, en esos versos encontramos cinco razones por las que debemos venir y aclamar a Dios.  El rey dice, ¡Vengan! Alabémoslo:

#1 Porque: Él es 1… la Roca de nuestra salvación! (v.1)
La palabra ‘roca’ en hebreo es צוּר |tsur| y significa una piedra, un acantilado, o un borde rocoso que representa un refugio en el cuál resguardase para quedar a salvo.  En el AT Dios era llamado «la Roca eterna» (Isaías 26.4).  La metáfora se continúa en el NT, presentando a Jesucristo como la ‘Roca’ fundamental de la fe cristiana, tanto cómo ‘piedra angular’ sobre la que se sostiene la iglesia (Efesios 2.20), cómo la ‘Roca’ de seguridad en la cual los creyentes pueden confiar, y cimentarse para mantenerse firmes (1 Pedro 2.4-8; Mateo 7.24-27).  

La enseñanza general es que el Señor nos mantiene seguros, estables y a salvo, librándonos de caer al precipicio de las asechanzas del diablo, de los placeres del mundo (1 Pedro 5.8-9; 1 Juan 2.15-17), y de la propia concupiscencia (Santiago 1.13-14; Rom. 7.7-25).  Él nos brinda fortaleza, amparo y protección.  Muchas veces ni siquiera imaginamos de los peligros que Dios nos libra, sin embargo, Él siempre está siendo una Roca para todo aquel que se engancha en Él, y por eso debemos alabarlo con todo el corazón.

#2 3Porque: el Señor es el gran Dios, el gran Rey sobre todos los dioses. (v.3)
El salmista usa dos veces la palabra ‘gran‘.  Gran Dios y Gran Rey.  Su significado literal es: גָּדוֹל |gadol|, quiere decir grande (en cualquier sentido); —alto, excelente en extremo, fuerte, más grande que todo, muy grande, grandioso, magnífico, maravilloso, mayor, principal en sobremanera y sumo (sacerdote)—.  Hebreos 10.21 dice que Jesús es «un gran sacerdote sobre la casa de Dios», significa que Cristo supera, en todos los aspectos, a los demás sacerdotes que han existido a través de la historia de la humanidad.  En otras palabras, su grandeza es per se suficiente motivo para desear alabarlo con todo nuestro ser.

#3 Porque: 4En sus manos están los abismos de la tierra; suyas son las cumbres de los montes.  5Suyo es el mar, porque él lo hizo; con sus manos formó la tierra seca. 
Los términos describen la inmensidad y la extensión de la creación, así como el asombroso Poder del Señor.  Todo cuanto existe está sometido bajo la autoridad del único Dios creador.  Los versos exaltan al hacedor del cielo y la tierra, al dueño de toda la creación.  Nos lleva a recordar las palabras de los discípulos en Mateo 8.27 cuando: «Jesús se levantó, y reprendió a los vientos y a las olas, y todo quedó completamente tranquilo. Los discípulos no salían de su asombro y decían: «¿Qué clase de hombre es este que hasta los vientos y el mar le obedecen?».”  Y es que toda la creación está sometida bajo el control y el poder de nuestro buen Dios, porque Él es el dueño y el creador. ¡Cómo no alabar a ese Dios Excelso y Sublime!”

#4 7Porque Él es nuestro Dios … 
Él es nuestro, y puede hacernos suyos.  La ecuación es simple: Si lo hacemos nuestro, Él nos hace suyos.  ¿Notas los posesivos?  Al aceptar que sea nuestro Dios, pasamos también a pertenecerle.  Juan 1.12 dice que “… a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios.”  Y eso nos beneficia en gran manera, ya que llegamos a contar con su completa protección porque nos convertimos en ‘el rebaño bajo su cuidado‘.  ¡Otra razón más para alabarlo!

#5 7Porque … somos el pueblo de su prado; somos un rebaño bajo su cuidado.  
El Señor es nuestro alimento y nuestro guía.  La Nueva Biblia de las Américas traduce el verso de la siguiente manera: 7Porque Él es nuestro Dios, Y nosotros el pueblo (rebaño) de Su prado (lugar dónde hay alimento) y las ovejas (rebaño) de Su mano (la imagen que brinda dirección y guía).”  En la versión Nacar-Colunga dice: 7Porque Él es nuestro Dios, y nosotros el pueblo que El apacienta (pastea, pastorea y alimenta) y el rebaño que Él guía (cuida, dirige, señala y traza el camino).”

En el hebreo bíblico, la palabra ‘prado’ es mirit.  El sentido del vocablo es el de un potrero o un pastizal en dónde se lleva al rebaño o al ganado para que se alimenten. Y la palabra ‘mano’ es yad.  En el contexto del salmo representa poder, guía, soporte y dirección.  La metáfora refleja las siguientes verdades:

  • En primer lugar, que El Señor apacienta a su pueblo.  Lo hace pastar, lo pastorea, lo alimenta.  Él cuida de que tengan alimento seguro, y se convierte en ese lugar seguro en quién podemos alimentarnos, y ser saciados.  Él provee alimento físico, tal y como lo menciona Mateo 6.25-34, pero también es la comida espiritual.  Es el único capaz de saciar nuestra hambre interna, es el pan que bajó del cielo y la carne de vida eterna (Juan 6). 
     
  • Segundo, que es el guía de su rebaño.  Juan 10.27-29 dice: 27Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.  28Yo les doy vida eterna y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.  29Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar.”  En el contexto del salmo 95, la palabra ‘rebaño’ se refiere especialmente a una tribu (como la de Israel), a gente, hombres, o a una nación que llegaron a ser hijos de Dios y cuentan con el pleno derecho, no solo de pastear en el prado de su guía y dueño, sino también con el privilegio de ser dirigidos y guiados por Él. 

    En este sentido, el Señor representa el camino y la vereda segura, la senda de vida eterna (Jn.14.6).  Por tanto, Él no solo guía los pasos de su rebaño, sino que dirige a todos los que quieran, por el camino recto que solo Él puede trazar. Las ovejas que reconocen su voz, lo siguen, y al hacerlo se mantienen a salvo.  Él les muestra por dónde ir para mantenerlas seguras, y ellas, las obedientes, se dejan guiar.  Porque, como ya vimos, a quién lo acepta como pastor, Él lo recibe como parte de su manada.  ¡Esta es otra gran razón para alabarlo!

Enseñanzas prácticas para el diario vivir

Hace unos meses escuché una preciosa alabanza titulada ‘Esa es la Razón’, del ministerio Gateway Worship Español.  La letra de esta alabanza cae como anillo al dedo con el tema central de este estudio.  A continuación te comparto las primeras estrofas, y también te dejo aquí el enlace por si quieres escuchar la alabanza completa.

Algunos dirán que es locura
Mi forma de a Dios exaltar
Jesús me hizo nueva criatura
Su amor tengo que declarar
No puedo quedarme en silencio
Pues su provisión Él me da
Por tantos milagros que ha hecho en mi vida
A todos quiero anunciar

Y te diré por qué adoro con tanta pasión
Tengo razón para alabar
A Dios con todo lo que soy
Yo tengo una gran razón

Mi gozo es inexplicable
Me abraza la paz del Señor
Mi Cristo me cubre con sus bendiciones
A Él sea todo el honor

¡Como no venir y alabar a ese Gran Yo Soy!  Hay mucho más que una, y aún más que diez mil razones para aclamarlo y exaltarlo, con gozo y con acciones de gracias, todos los días de nuestra vida.  No solo por lo que recibimos de Él, sino por lo que Él es, por su carácter y sus maravillosos atributos.

Así que, ¡Vamos! aclamémosle, cantémosle, adorémoslo con cantos, con gritos, con oración, con manos alzadas, con llanto, de rodillas, postrados, con danza, con palabras o sin ellas, con la expresión externa que sea, pero con corazones agradecidos, porque Él es nuestra Roca, porque Él es Grande, porque es el Creador y dueño de todo lo que existe, porque si lo aceptamos como nuestro pastor Él nos adopta como sus hijos, porque Él es nuestro proveedor, y porque es el único dador de vida eterna.  Por todas estas, y por muchas más razones, ¡Vengan, cantemos al Señor!  Porque Él es digno de suprema alabanza.

Que el Señor haga florecer esta palabra en nuestros corazónes.
Si me sirve a mí, quizá también a ti.

Hasta la próxima

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