Cómo Resolver Conflictos en la Iglesia: Lecciones de Filipenses 4

Filipenses 4.1-7

Evodia y Síntique eran dos líderes en la iglesia de Filipos, las cuales, por alguna razón estaban teniendo un desacuerdo.  El texto no menciona cual era la causa del conflicto.  Lo único que el verso indica es que ambas mujeres estaban implicadas y eran completamente activas en la obra del Señor (v.3).

La RV1960 dice que esas mujeres combatieron junto con Pablo, como colaboradoras en la obra del Señor y en el evangelio.  La NVI dice que lucharon a su lado.  Ambas eran mujeres eficaces en el ministerio, implicadas en el trabajo eclesial y ayudantes valiosas en la expansión del Reino de Cristo.  No eran novatas en la fe, y tampoco eran de las que solo esperaban recibir. Ellas eran un apoyo para el apóstol Pablo.

En el idioma original el término ‘combatieron’ se refiere a luchar al punto de contender por defender el evangelio.  Parece que además eran mujeres de temple.  Y ahora, tenían un problema de desacuerdo, el cual estaba afectando la paz y el gozo en el grupo de santos, en los demás colaboradores, y sin duda también en ellas mismas.

Es probable que se había creado un ambiente de discordia y enojo, por eso Pablo les insta e insiste en que se alegren ‘caíro’ (v.4) – la palabra era una forma de saludo, estando siempre alegre y calmadamente feliz –  Pareciera que Pablo las está exhortando a saludarse con alegría y calma.  Es probable que por la disputa y diferencia que tenían, también surgían malas actitudes.  Quizá incomunicación, malas miradas, conductas odiosas. En fin, todo lo contrario a gentileza. Por lo que Pablo les anima a que sean amables (v.5). El apóstol se refería a que debían evidenciar una cordialidad tan genuina que los demás lo notarían.

Pablo continúa diciendo: El Señor está cerca.  Parece que el mensaje significa ‘dejen de pelear y concéntrense en lo que es realmente importante: el regreso del Señor. 

El verso prosigue con el muy conocido Filipenses 4.6-7 “No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.  Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.”   En otras palabras, Pablo las está exhortando a dejar de pelear y entender que lo importante no es preocuparse por quién tiene la razón, sino por seguir trabajando unidas en la obra del Señor, porque el ‘Señor está cerca’.  Si algo les preocupa, si en algo no están de acuerdo, en lugar de contender, lo mejor es orar, entregarle al Señor toda carga y ponerse de acuerdo, porque el Señor viene pronto y necesitamos que la iglesia esté unida. Ocupamos a colaboradores sirviendo al Señor sin enemistades ni dicensiones.

Del verso 6 aprendemos que:

  1. Lo que nos corresponde hacer a nosotros es: No preocuparnos por nada, orar con ruego, presentar nuestras peticiones a Dios, y darle gracias.  Esta es la acción que Él espera de nosotros.  “No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.”
  2. El Resultado (La parte que hace Dios en respuesta a nuestra acción anterior): Su paz cuidará y guardará nuestros pensamientos y corazones: “Y la paz de Dios, cuidará sus corazones y sus pensamientos”

Indudablemente, habrá momentos en la vida de iglesia en los cuales nos enfrentaremos a desacuerdos con nuestros hermanos en la fe.  La enseñanza del apóstol es que, sea cual sea la circunstancia, la solución no es pelear.  Seguir altercando nunca será la mejor opción.  Más bien, lo que Pablo instruye es que nos enfoquemos en lo verdaderamente importante: la inminente venida del Señor.  Por lo tanto, cualquier circunstancia que nos haga desenfocarnos del regreso glorioso de nuestro Salvador Jesucristo, debe perder importancia y debe ser llevado ante el trono de la gracia con oración ‘proseujé’ – adoración, y ruego ‘déesis’ – suplica’; pero además con acción de gracias ‘eujaristía’ – gratitud, lenguaje de agradecimiento.

Y entonces, cuando en nuestro corazón haya un genuino deseo por confiar ciegamente en el Señor, y que, de voluntad propia decidamos entregarle absolutamente todo aquello que no podemos controlar; con una actitud de adoración, con ruego y con agradecimiento.  Entonces, y únicamente hasta entonces, Él nos permitirá experimentar su paz ‘eirene’ – una paz interior que se refleja en estar bien consigo mismo, y se proyecta en estar bien con los demás.  Implica la ausencia de pleitos, se demuestra con relaciones armónicas, y en la fomentación de amistades.  Supone la ausencia de agresión, sea física o verbal.  Habla de producir un carácter apacible y amable que llegue a ser evidente a todos (v.5).  Evodia y Síntique habían desenfocado su mirada de lo más importante.  Ambas debían cambiar su actitud, buscar a Dios en oración y retomar su servicio en unidad.  Aun siendo líderes principales de la iglesia, y valiosas colaboradoras en la obra del Señor, se desviaron y dieron cabida a las rencillas.  Ellas necesitaban recuperar la paz del Señor.

El v.7 dice que esa paz ‘cuidará’ frouréo – cercará, protegerá, mantendrá bajo vigilancia, guardará con una guardia militar; nuestro corazón ‘kardia’ – el principal órgano de la vida física, dónde nacen las emociones, los deseos y las intenciones – y nuestros pensamientos ‘nóema’ – la percepción de las cosas, el intelecto, el entendimiento, aquello que es meditado, lo que maquinamos.  En otras palabras, esa paz nos hará estar alertas para no dar rienda a los malos deseos y a las malas intenciones, y resguardará nuestros pensamientos de todo aquello que nos haga dudar del Señor.  

En mi opinión, creo que recibimos mucho más de lo que Él nos pide.  La solicitud es: oren.  Y la respuesta es una protección total y plena de nuestro ser interior.  Solo nuestro Dios puede hacer este tipo de cosas por sus hijos.  Él es muy bueno.  Por eso,

Cuando oramos, debemos siempre recordar tres cosas.  Debemos recordar el amor de Dios, que siempre desea sólo lo mejor para nosotros.  Debemos recordar la sabiduría de Dios, que es el único que sabe lo que es mejor para nosotros.  Debemos recordar el poder de Dios, que es el único que puede hacer que suceda lo que es mejor para nosotros.  El que ore con una confianza perfecta en el amor, la sabiduría y el poder de Dios encontrará la paz de Dios.  Quiere decir que la paz de Dios es tan preciosa que la mente humana, con toda su habilidad y conocimiento, nunca la puede producir; no es algo que uno se puede ingeniar; es exclusivamente un don de Dios.  El camino a la paz consiste en confiarnos a nosotros mismos, y todo lo que nos es querido, en las amorosas manos de Dios.  [Comentario al Nuevo Testamento – William Barclay]

Solo puedo decir ¡Gracias mi Señor!  Y aún me quedo corta. 

Si me sirve a mí, quizá también a ti. 

Hasta la próxima.

Deja un comentario