Santiago 1.13-18
13Que nadie al ser tentado diga: «Es Dios quien me tienta». Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie. 14Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. 15Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte. 16Mis queridos hermanos, no se engañen. 17Toda buena dádiva y toda perfecta bendición descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y quien no cambia ni se mueve como las sombras. 18Por su propia voluntad nos hizo nacer mediante la palabra de verdad, para que fuéramos como los primeros frutos de su creación.
Hay una diferencia entre las pruebas que vienen por parte de Dios, con propósitos divinos, y las pruebas que nos llegan a la vida por nuestras malas decisiones.
Santiago 1.14, dice que somos ‘atraídos’ y ‘seducidos’ por ‘deseos’. Solo en tres pasajes se usa este vocablo refiriéndose a buenos deseos (Lc.22.15; Fil.1.23; 1Te.2.1). En todos los demás se refiere a malos deseos,
aquellos que están listos para expresarse en una actividad corporal. El termino describe las emociones del alma y la tendencia natural humana hacia lo malo. Tales ‘deseos’ no son necesariamente ruines e inmorales; pueden ser de carácter refinado, pero son malos si son incoherentes con la voluntad de Dios, y los ‘sufrimientos’ producidos son la consecuencia de haber cedido a la carne.
[Diccionario Nuevo Testamento – W.E. VINE]
“De esos deseos nacen los actos pecaminosos, y cuando se da rienda suelta al pecado, da a luz la muerte.” (v.15) Significa que las pruebas causadas por querer satisfacer nuestros deseos personales, nos hacen pecar, y al pecar nos alejamos del Señor, contristamos al Espíritu Santo y caemos en un estancamiento espiritual, que equivale a un decrecimiento en la vida cristiana.
Si no nos arrepentimos con prontitud, si no confesamos rápidamente, si permanecemos en el pecado, podemos llegar al punto de caer en una muerte espiritual, es decir, una lejanía total del El Señor. Eso es lo peor que le puede pasar a un creyente. A eso se refiere el apóstol Santiago cuando dice que, al dejar crecer, el pecado ‘da a luz la muerte’. Hace referencia al crecimiento espiritual y a la muerte espiritual, producida por una ruptura total de la comunión con el Espíritu Santo.
La prueba en la que nosotros mismos caemos, es cuando queremos tomar nuestras decisiones sin consultar la opinión del Señor. La prueba que proviene de Dios nunca nos seducirá para satisfacer nuestros deseos personales y carnales, ni causará sequia espiritual, ni hará que nuestra relación con el E.S se vea afectada. Por eso Santiago dice: ‘Toda buena dádiva y toda perfecta bendición descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y quien no cambia ni se mueve como las sombras. Por su propia voluntad nos hizo nacer mediante la palabra de verdad, para que fuéramos como los primeros frutos de su creación.’ (v.17-18)
Todo lo que Dios da es bueno. Nunca vamos a recibir nada de parte de Dios que sea perjudicial para nuestra vida espiritual. Al contrario. De Él recibiremos todo lo que nos ayude a crecer y a fortalecer la fe. Porque Él es nuestro Padre y su deseo siempre es para nuestro bien.
Sea cual sea la prueba que estemos pasando, o la que hayamos pasado, o la que vamos a pasar, debemos aprender a diferenciar cuando viene de Dios y cuando no. Sin embargo, si estás recibiendo las consecuencias de haber tomado malas decisiones por haber seguido tus deseos personales, debes saber que, aun en ese caso, si nos arrepentimos y le pedimos ayuda el Señor nos ama y puede tornar esa circunstancia para nuestro bien. Él es capaz de dar solución a todo lo que nosotros hayamos arruinado. Al final de cuentas, su deseo es que seamos perfectos e íntegros sin que nos falte nada. (v.4) (Para ver todo el contexto de este paseje lee La Prueba para la Gloria de Cristo el Señor y Si te hace falta sabiduría, ¡pidela!). Antes de caer en la muerte espiritual, busca al Señor y pidele su ayuda. El te responderá.
Sí me sirve a mí, quizá también a tí.
Hasta la próxima.

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