Tristemente, conozco a varios buenos líderes que han tenido que pasar por la terrible experiencia de ser objeto de habladurías, chismes, calumnias y criticas infundadas. El ministerio no es nada fácil. Lastimosamente, a muchos buenos pastores y guías espirituales les ha tocado vivir este tipo de injusticia. Pero, ¿cómo saber si mi líder es un ‘buen líder’? Y, ¿qué debo hacer si descubro malas intenciones maquinandose en su contra? Números 12 nos ofrece una excelente respuesta y solución al problema.
Empecemos con la primer pregunta: ¿Como saber si mi líder es bueno? Para responder a esto vayamos a los vv.3, 7-8. Aquí se mencionan algunas caracteristicas irrevocables en todo buen liderazgo. Veamos.
En primer lugar es un siervo humilde, dependiente de Dios, conocido por depositar ciegamente su confianza en el Dios de su salvación (v.3) Para entender mejor la definición de la palabra ‘humilde’ te invito a leer la explicación completa en la entrada El hombre más humilde sobre la tierra. Segundo, es quién sirve al Señor sin reservas (v7). Tercero, es distinguido por tener una relación estrecha y cercana con Dios, por pasar tiempos a solas con Dios, hablandole pero también escuchandolo. Cuarto, es aquel renombrado por contar con el favor y la protección del Señor (v.8). Finalmente, es a quién se le identifica por mostrar la presencia de Dios en su vida y quién experimenta el respaldo del Señor en todo lo que hace.
Si conoces a una persona con estas caracteristicas y te enteras que andan murmurando en su contra, toma nota de la siguiente receta.
A continuación te comparto 4 pasos para poner un alto a la murmuración hecha en contra de un buen líder. ¡Ojo! no funcionará si se intenta aplicar para defender a un mal dirigente.
La formula está basada en Números 12.4-8:
“De pronto, el Señor dijo a Moisés, Aarón y a Miriam: «Salgan los tres de la Tienda de reunión». Y los tres salieron. Entonces el Señor descendió en una columna de nube y se detuvo a la entrada de la Tienda. Llamó a Aarón y a Miriam y, cuando ambos se acercaron, el Señor dijo: «Escuchen lo que voy a decirles: Cuando un profeta del Señor se levanta entre ustedes, yo le hablo en visiones y me revelo a él en sueños. Pero esto no ocurre así con mi siervo Moisés, porque en toda mi casa él es de mi confianza. Con él hablo cara a cara, claramente y sin enigmas. Él contempla la imagen del Señor. ¿Cómo no tienen miedo de murmurar contra mi siervo Moisés?»” (v.4-8)
- Reunir a todas las partes en un mismo lugar y frente a la asamblea: “«Salgan los tres de la Tienda de reunión»” (v.4).
- Hablar cara a cara, en persona: “el Señor descendió… se detuvo a la entrada” (v.5).
- Captar la atención con autoridad y Defender al ofendido en base a hechos comprobables sobre su buen testimonio y vida cristiana: “Escuchen lo que voy a decirles:… en toda mi casa él es de mi confianza. Con él hablo cara a cara, claramente y sin enigmas. Él contempla la imagen del Señor” (6-7)
- Exponer públicamente y Confrontar a los murmuradores “Llamó a Aarón y a Miriam…¿Cómo no tienen miedo de murmurar contra mi siervo Moisés?” (v.8).
Aaron y Miriam se atrevieron a murmurar en contra de su líder. La consecuencia fue quedar expuestos públicamente por haber hablando en mal del profeta del Señor. Sin duda alguna tuvieron una reprimenda vergonzosa y humillante. Personalmente creo que parte del propósito de Dios para aclarar la situación ante la asamblea era demostrar ante todo el pueblo el daño comunal que estas murmuraciones habían, sin duda alguna, causado contra Moisés, y contra los mismos israelitas. De ahí la importancia de hacer la confrontación pública, pues el profeta era el líder principal de toda la nación y las criticas afectaban directamente su liderazgo.
La murmuración es altamente nociva para la iglesia de Jesucristo. Ser participes o complices de un acto tan destructivo como este, es un acto de deslealtad directamente hacia Dios. Debemos ser muy radicales y contundentes para actuar con certeza ante una situación de esta índole, frenando a todo el que, con malas intenciones desee dañar a los buenos dirigentes que el Señor nos ha dado.
Termino diciendo que, Si me sirve a mí, quizá también a tí.
Hasta la próxima.

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