Los israelitas se estaban quejando porque querían cambiar el maná que Dios les había provisto, por los supuestos banquetes que tenían en Egipto.
Moisés los oyó. “Las quejas del pueblo afligieron el corazón de Moisés” [Biblia Comentada – Profesores de Salamanca]. El profeta se disgustó mucho por la mala actitud del pueblo (Núm. 11.10), por eso fue a quejarse con Jehová, diciendo:
«—Si yo soy tu siervo, ¿por qué me tratas mal? ¿Por qué me niegas tu favor y me obligas a cargar con todo este pueblo? 12¿Acaso yo lo concebí o lo di a luz para que me exijas que lo lleve en mi regazo como si fuera su nodriza y lo lleve hasta la tierra que prometiste a sus antepasados? 13Todo este pueblo viene llorando a pedirme carne. ¿De dónde voy a sacarla? 14Yo solo no puedo con todo este pueblo. ¡Es una carga demasiado pesada para mí! 15Si este es el trato que vas a darme, ¡me harás un favor si me quitas la vida! ¡Así me veré libre de mi desgracia!»
Es importante mencionar que no era la primera vez que el pueblo tenía esta conducta quejumbrosa y testaruda. Parece que esta vez fue ‘la gota que rebalsó el vaso’ del siervo. Las palabras de Moisés reflejan un profundo sentimiento de frustración y agotamiento emocional. Tener que ser el guía de un pueblo codisioso e insasiable era para él una dura obligación, literalmente era un castigo. Era una carga pesada que ya no soportaba llevar. La palabra original traducida como ‘cargar’ es ‘massá’ y significa ‘carga pesada’. Lo que el profeta está diciendo es que ese pueblo era para él una “responsabilidad pesada y difícil de sobrellevar” [Diccionario Nuevo Testamento – W.E. VINE].
En medio de la presión ministerial, Moisés es consciente de su responsabilidad ante Dios. Él Señor lo había nombrado cómo el líder principal del pueblo, con el propósito de ‘llevarlos’ a la tierra prometida. La palabra ‘lleve’ (v.12) en el idioma original es ‘nasá’. Según los estudiosos este vocablo tiene varias connotaciones, pero todas redundan en el mismo sentido: alzar, elevar, levantar. Lo que da a entender es que Dios esperaba que Moisés llevara “al pueblo en su regazo como la nodriza al niño” [Biblia Comentada – Profesores de Salamanca].
Pero, para el profeta era humanamente imposible poder cuidar y guiar con aquella ternura y afecto maternal a esa gente demandante y protestona. Al profeta le idignaba ver la conducta del pueblo en contra del Señor. Ese pueblo no solo estaba desestimando “el favor de Dios” en medio de ellos, sino también menospreciando “las promesas que les había hecho, y hacia las cuales los conducía” (la tierra prometida) [Biblia Comentada – Profesores de Salamanca]. Ellos se atrevieron a ir dónde Moisés, llorando, pidiéndole que les diera carne. La palabra original traducida como ‘pedirme’ es ‘natán’ y tiene el sentido de ‘hacer’, ‘poner’, ‘entregar’. Lo que significa es que estaban exigiéndole que ‘hiciera aparecer’ la carne que ellos querían, como por arte de magia. Lo peor era que tenían comida. Su queja era por pura codicia pues ya tenían el maná para saciarse.
“la codicia se ha definido como un afán excesivo de riquezas, como un deseo voraz y vehemente de algunas cosas buenas, no solo de dinero. Lo que más caracteriza al codicioso es un interés propio, un egoísmo que nunca se consigue satisfacer”
Ellos estaban pidiendo algo que él profeta no podía darles. Por eso,
“ante esta actitud del pueblo, el ánimo del profeta desfallece, y se queja él también de la misión ingrata que Dios ha echado sobre sus hombros. No se siente con fuerzas para llevar al pueblo en su regazo como la nodriza al niño. Y esta conciencia de Moisés sobre su flaqueza se aviva tanto más cuanto más crecen la impaciencia del pueblo y sus quejas.” [Biblia Comentada – Profesores de Salamanca]
14Yo solo no puedo con todo este pueblo. ¡Es una carga demasiado pesada para mí!
Este fue el grito de auxilio del profeta ante su Señor y Dios. En palabras más claras lo que estaba diciendo es: no tengo la capacidad de seguir, me doy por vencido, ya no resisto, no soporto más, no podré llegar a la meta. La Nueva Biblia de las Américas lo traduce: “Yo solo no puedo llevar a todo este pueblo, porque es mucha carga para mí.”
Qué doloroso es imaginar el estado de ánimo al que llegó Moisés a causa de un rebaño tan dificil. Gente ingrata y ambiciosa. Fue tal el desaliento del profeta que llego a preferir la muerte antes que seguir pastoreándolos: “¡me harás un favor si me quitas la vida! ¡Así me veré libre de mi desgracia!” Esto parece un cuadro severo de depresión y ‘burn-out’. Moisés no solo expresa agotamiento físico, sino también mental y emocional. Muestra frustración extrema, al punto de la desesperación.
Lo impactante es ver la reacción y la actitud del líder. El texto dice que “Moisés oró al Señor”. No habló con nadie más, no se quejó con otro más que con su Dios. Y Jehová le respondió.
De estos versos aprendemos que:
- Las ovejas son muchas veces rebeldes, resistentes a la autoridad y fácilmente descarriadles. Personas así se convierten en una carga muy pesada de llevar para un líder comprometido, a veces al punto de desear abandonar su llamado.
- Moisés deja un ejemplo de cómo se debería actuar en caso de enfrentar un desanimo profundo. La solución es: orar. Fue la única opción del profeta.
- La oración del profeta no solo refleja el nivel de confianza y cercanía que existía entre Dios y él, sino que también muestra la honestidad y transparencia del líder hacía su Señor, al expresar sus emociones y sentimientos más profundos y ‘oscuros’, sin máscaras y sin apariencias.
- Su queja fue hecha directamente al único que podía ayudarlo. No buscó aliados, no llamó a un grupo para pedir respaldo, no tomó a unos cuantos para ‘desahogarse’. No. Solo fue al Señor y nada más.
- El ministerio y el llamado puede llegar a ser una carga muy pesada. La queja constante y la murmuración de gente insatisfecha y exigente, de corazónes ingratos y codiciosos, tiene un efecto tóxico y altamente nocivo en los buenos líderes.
- El ‘burn out’ ministerial es real. Una iglesia rebelde y tendiente al chisme, puede causar una severa tristeza en su líder, al punto de llevarlo a desear abandonar su llamado.
- Un líder que se encuentre en una situación como esta debe primeramente buscar al Señor en oración, antes de tomar cualquier acción.
- Un buen líder espiritual no solo refleja una cercanía y una relación íntima con Dios, sino que también, en casos de un agotamiento laboral, actúa con sabiduría y prudencia, buscando al Señor en oración antes que ir a buscar partidarios y crear disensiones.
Termino diciendo que, ‘Si me sirve a mí, quizá también a ti’.
Hasta la próxima.

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