¿Cómo hago para escoger con quién confesar mis pecados?
Hace unos días te compartí mi experiencia con respecto a esto de confesar los pecados los unos a los otros (puedes ver la entrada aquí). Una de las lecciones que aprendí fue que, debemos aprender a escoger las personas correctas para realizar la confesión. Hoy quiero compartirte cómo he logrado reconocer aquellas personas idóneas para escuchar confesiones.
Una persona idónea para escuchar confesiones debe ser alguien que evidencie una sana Vida Espiritual.
Un creyente espiritual es aquel que muestra la llenura del Espíritu. Esto, para muchos puede parecer bastante abstracto. Sin embargo, la Biblia es muy clara y específica en presentar las características que evidencia una vida llena de la presencia de Dios.
La persona ideal para escuchar confesiones es aquella que muestra las siguientes cualidades:
- Tiene un comportamiento que refleja El Fruto del Espíritu (Nota: Es un fruto con varias propiedades): Amor, Gozo, Paz, Paciencia, Amabilidad, Bondad, Fidelidad, Humildad y Dominio Propio. (Gálatas 5.16, 22-23) – Es necesario recalcar que, en este pasaje, la base de todo es el amor. Sin el amor ‘Filos’, que es el amor fraternal, es imposible mostrar cualquiera de las otras propiedades de este fruto. Ese amor es el que produce un afecto particular por los demás y que provoca actuar con buena voluntad.
- No tiene envidia (Gálatas 5.25-26).
- Habla para bendecir: Lo que sale de su boca es Alabanza, Adoración y Gratitud. Es una persona que pasa constantemente alabando, adorando y expresando gratitud al Señor (Efesios.5.19-20; Colosenses 3.15-16). En uno de sus más recientes estudios biblicos, mi esposo, Ronald Acuña, hablando precisamente de estos pasajes, dijo: «Cuando la palabra de Cristo abunda en la vida, se manifiesta con esas características: cantos, himnos y una vida agradecida». Si quieres profundizar en estos textos, te animo a escuchar el estudio bíblico. Te dejo aquí el enlace. Debemos aprender a evaluar el contenido y los temas de conversación que los demás tienen con nosotros, o con otros. Eso te dirá lo que hay en el corazón, y por ende, notarás el nivel de llenura Espiritual. Recuerda que, de la abundancia del corazón habla la boca (Mt.12.34; 15.18-19; Lc. 6.45).
- Tiene una natural y auténtica inclinación por hacer el bien. Hacer el bien es una virtud no fingida en los cristianos espirituales. Se expresa en actos de beneficencia y de ayuda al prójimo, sin importar quién sea (Efesios 5.8-9). No alardean, ni esperan reconocimiento o retribución. Lo hacen con una verdadera motivación de ayudar. Pidamos al Señor que nos de perspicacia para discernir la falsa bondad. Hay quienes se hacen pasar por bondadosos, pero, lo que motiva su corazón es el orgullo. Debemos ser muy observadores pues lo falso se hace evidente sólo cuando aprendemos a reconocer lo verdadero.
- Es Justa. Actúan con equidad y rectitud (Efesios 5.9). Son personas parciales y objetivas.
- Habla, vive y practica la verdad. Son personas auténticas, sin mascaras. Hablan solo lo que es real, lo que es cierto (Efesios 5.9). La verdad es un valor fundamental en sus convicciones de vida.
- Enseña (Instruye) y Exhorta (‘Exhortandoos’ [νουθετοῦντες]) – Amonestan, con sabiduría. Esta palabra νουθετοῦντες tiene una implicación de llamar a la prudencia, a la cautela y a la precaución. La persona llena del Espíritu, sabe recriminar y reprobar conductas (exhortar), con sabiduría, con sensatez, con juicio, con prudencia (Colosenses 3.16), y también con autoridad respaldada por su ejemplo de vida cristiana.
- Es de buen nombre. Su testimonio de vida comprueba la llenura del Espíritu. Son conocidos por actuar con sabiduría y sensatez (Hechos 6.3).
Después de todos estos años, aprendí que, no necesariamente vamos a encontrar estas características en los líderes principales de las iglesias. Aprendí que, hay hermanos, los que menos imaginamos; a veces los más sencillos y los menos ‘visibles’, que podrían ser maestros sobre una genuina y activa vida espiritual. Aprendí que la llenura espiritual no se adquiere por un nombramiento, ni por un puesto eclesial o ministerial. Aprendí a reconocer las personas espirituales por sus frutos y por su testimonio de vida cristiana (Mt.7.16, 12.33; Lc.6.44; Stg.3.12). Aprendí que la espiritualidad no es algo que se pueda fingir, pues es un resultado divino, derivado de la calidad de relación que tenemos con Dios. Que la llenura del Espíritu no se adquiere por virtudes humanas, sino por una vida de obediencia a la Palabra.
Ahora que lo sabemos, antes de confesarnos, procuremos escoger personas con estas cualidades. Procuremos también ser nosotros mismos creyentes espirituales, líderes que inspiren la espiritualidad, y que evidencien esas características; que motiven y contagien a otros a buscar, de forma activa, llenarse constantemente de la presencia del Señor. Seamos de los que saben escuchar confesiones, aprendamos a ser buenos confidentes.
Si me sirve a mí, quizá también a tí.
Hasta la próxima.

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