Mateo 7
Ser un seguidor de Jesús implica esfuerzo constante para imitar su vida, reproducir sus actos y obedecer sus mandamientos. Esto nace en el corazón del discipulo de Cristo, de forma voluntaria, en agradecimiento al sacrificio de Cristo en la cruz del calvario.
No se puede obligar a nadie a seguir a Jesús, pero, cuando decidimos hacerlo, debemos por consecuencia empezar un proceso de transformación.
En Mateo 7 el Señor Jesús enseña varios aspectos que todo seguidor de Jesús debe ir desarrollando y mejorando; así como otros aspectos que debemos ir quitando o transformando en nuestra vida. Veamos algunos:
1- Un seguidor de Jesús NO juzga al prójimo.
v. 1 “No juzguéis, para que no seáis juzgados.”
La palabra “juzguéis” utilizada aquí es muy fuerte. Implica un sentido de ‘condenar’, ‘castigar’, ‘maldecir’, ‘decretar-dar por un hecho’, ‘determinar’ y ‘sentenciar’ al otro.
Jesús dice en el v.2 que de la manera en la que juzguemos, así seremos también nosotros juzgados. ¡Tengamos cuidado! Recordemos que al final de cuentas, todos tenemos una viga (pecados, defectos, errores, faltas) dentro de nuestro ojo (en nuestra vida). Un dicho popular dice ‘todos tenemos un rabo que nos pisen’. No juzguemos, tengamos esto en cuenta.
2- Un seguidor de Jesús Ora.
v. 8 “Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”
El tema que se propone es la necesidad de orar para obtener favores del cielo, y a esta oración se garantiza su eficacia. La conclusión en el v.11 es que ningún padre dará a sus hijos, cuando le piden cosas buenas y necesarias, cosas malas. En el orden espiritual se concluye igualmente que Dios no dará sino cosas “buenas” al que se las pida. Dios es Padre, y, como tal, es sumamente bondadoso con sus hijos. Por eso, si los hombres, “siendo malos,” se portan así con sus hijos, ¡cuánto más vuestro Padre, que está en los cielos, dará cosas buenas a quien se las pida!”
Ahora bien, recordemos que no se pedirán cosas que impidan la “incorporación” al Reino, ni que vayan en contra del mensaje de Cristo. Santiago escribe: “No tenéis porque no pedís, y si pedís, no recibís porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones” (Stg. 4.3). Oremos por todo, pero evaluemos si lo que estamos pidiendo agrada a Dios, si aporta al reino, si es para bendición y si es bueno.
3- Un seguidor de Jesús trata a los demás como le gusta ser tratado.
v.12 “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.”
La muy conocida ‘Regla de Oro’. No hagas lo que no te gusta que te hagan. O puesto en positivo: Tratemos a los demás como quisiéramos ser tratados, es una enseñanza que tiene muchas implicaciones en cuanto al trato los unos con los otros y a las relaciones interpersonales. Es muy sencilla de entender, pero difícil de practicar. ¡Ahí está el reto!
Recordemos que, en este momento, Jesús está prácticamente iniciando su ministerio. Él anda por todos lados enseñando las buenas nuevas que traía para el mundo. Enseñanzas diferentes a las que habían estado escuchando. Los religiosos maltrataban a los ‘que no eran como ellos’. Jesús les dice: hagan con todos como quieren que se haga con ustedes. Tiene un vínculo directo con el amor fraternal: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12.31).
4- Un seguidor de Jesús ha hallado la puerta estrecha
v.13-14 “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.”
Seguir a Jesús y aceptar su evangelio implica sacrificio.
Seguir a Jesús implica ‘dejar’, ‘apartarse’, ‘cortar’, ‘perder’, ‘sacar’, ‘quitar’, ‘renunciar’, ‘alejarse’, ‘no mirar atrás’. ¡Hay un precio que pagar! Por amor a Cristo. Por eso, el final del v.14 dice “y son pocos los que la hallan”, refiriéndose a la puerta estrecha, que es Jesús.
El es la puerta que nos lleva a la salvación y a la vida eterna. Nadie puede ser seguidor de Jesús si no decide entrar por la puerta estrecha y andar por el camino angosto.
5- Un seguidor de Jesús produce buenos frutos
v.17-18, 20 “Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Así que, por sus frutos los conoceréis.”
En Juan 15 encontramos la parábola de la vid verdadera. Jesús es la vid (el árbol), y sus hijos, sus seguidores, somos los pámpanos. Si estamos pegados a Él (la vid) daremos mucho fruto.
Gálatas 5.22-23 presenta las características de ese fruto.
Un seguidor de Jesús tendría que demostrar esos elementos en su vida y eso es lo que marca la diferencia. Un seguidor de Jesús es conocido por sus buenos frutos. Un seguidor de Jesús DEBE producir (mostrar, evidenciar) buenos frutos en su vida.
6- Un seguidor hace la voluntad del Padre
v.21 “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.”
Y, ¿Cuál es la voluntad del Padre? 1 Tesalonicenses 4.3a dice “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación” Y ¿Qué es la santificación? La frase siguiente, del mismo verso, da la respuesta: “que os apartéis de…” Luego, da una lista de áreas y aspectos de los que debemos apartarnos y alejarnos. ¡Esa es la voluntad del Padre!, que seamos mejores cada día, que crezcamos, que nos alejemos del pecado y que mostremos buenos frutos.
7- Un seguidor de Jesús es comparado a un hombre prudente
v.24 “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.”
Después de haber transmitido todas las enseñanzas anteriores, Jesús termina el capítulo diciendo ‘aquellos que me escuchen y hagan lo que les he dicho, voy a compararlos a un hombre prudente”. ¡Que gran privilegio y elogio sería ser comparados por el Señor a un hombre prudente!
En el idioma original, la palabra “prudente” implica ser una persona ‘que analiza’, ‘que actúa con cordura’, ‘sabia’, ‘inteligente’, ‘cautelosa’, ‘que medita antes de actuar’, ‘discreto’. Tiene que ver con demostrar un ‘carácter sagaz’ y ‘perspicaz’.
La prudencia es una virtud que necesitamos desarrollar mucho más, en todas las áreas de nuestra vida.
Debemos aprender a ser prudentes al hablar, al escribir, al actuar, dónde sea que estemos, incluso en cualquier plataforma de red social.
Debemos aprender a pensar, analizar, meditar y a evaluar si, lo que hablo, lo hago, lo que escribo, lo que publico o comparto en las redes sociales, ¿es bueno?, ¿es de bendición? ¿Es decoroso?, y lo más importante, ¿es agradable a Dios?
Para aprender a ser prudentes debemos esforzarnos activamente en obedecer ‘estas palabras’, es decir, las enseñanzas del Señor.
Esforcemonos por mostrar que somos seguidores de Jesús. Hagamos nuestra parte por aplicar estas características en nuestra vida.
Si me sirve a mí, quizá también a tí.
Hasta la próxima.

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